Arturo García Mogollón
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Baúl BCBG

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El gran espejo o la yegua de la noche (agosto 2002)

Volvió arrebatadamente de un sueño y no quiso más que comprobarlo. Se llevó las manos a las mejillas y sintió el sudor caliente que humedecía la piel morena. Aspiró profundo mientras sus ojos recorrían las gruesas vigas en lo alto del techo. Retuvo el aire unos instantes y sintió como el corazón le pulsaba en la garganta . Entonces cerró los ojos, y como queriendo tranquilizarse, dejó escapar una suave corriente por entre sus labios. Ya no quería pensar: se incorporó y caminó ligero hacia la ventana que daba a la calle. Deslizó sus delgados y largos dedos a través de la pequeña abertura y abrió el paso al fresco aire del amanecer. No había asomado la cabeza por completo cuando sobresaltado, dio un paso atrás mientras miraba fijo hacía enfrente. Algo realmente extraño estaba sucediendo. Rubén dudó si seguía en un sueño o si por una razón desconocida la realidad se había desbocado. Dos miradas se habían cruzado. Rubén tenía justamente frente a su apartamento a un hombre que también miraba extrañado hacia su ventana. No entró en pánico hasta que cayó en conciencia de que el tipo era idéntico a él y que lo miraba desde una ventana como la suya, desde un edificio como el suyo, justo en la acera de enfrente. Fue realmente extraño para Rubén ir descubriendo que cada elemento se iba repitiendo para ambos lados de la acera. Los edificios aledaños también eran iguales, y las tiendas que había bajo su apartamento también eran idénticas cruzando la calle. Parecía como si alguien se le hubiese ocurrido malgastar una broma colocando un espejo gigante justo a mitad de la calle que reflejaba simétricamente cada pequeño detalle. ¿Qué demonios está sucediendo? – pensó angustiado, y de pronto se distrajo al ver que un ciclista que circulaba abajo era en realidad dos ciclistas con la misma vestimenta, el mismo juguete de dos llantas e inclusive pedaleaban al parejo y conducían en la misma dirección. Todavía fue mayor el susto, cuando notó que su gemelo en la ventana de enfrente se movía exactamente igual que él. Rubén le habló y le pareció escuchar sus mismas palabras a lo lejos. Asustado cerró la ventana y recorrió la cortina, cubriendo así el paso de la luz. Estuvo cuestionándose todo el día si la realidad era la suya o la del otro hombre. Tomó el revolver que tenía bajo la cama y se dirigió apresurado hacia la calle. El hombre resolvió su duda mientras caía de espaldas.