Si fuera camión... creo que si fuera camión sería de basura. Bien grande y apestoso, siempre estorbando, aunque en el fondo todos me querrían. Sabría todo, bueno, casi todo: conocería los días que los López tienen sexo, los ciclos irregulares de Cecilia, el patético afán vegetariano de la señora Rebeca y su hija, sabría también que Nicolás prefiere Lala que Alpura, tendría en mi poder alguna que otra carta de amor desechada por Deborah, el olor de pantimedias, leche fermentada, papel higiénico no tan higiénico, cáscara de huevo con mango y fósforos quemados, cuchillos perdidos, billetes traspapelados, estados de cuenta, cotonetes, envolturas, cadáveres de mascotas, restos y más restos. Tendría y sabría tanto que me contratarían grandes empresas mercadológicas para conocer y explotar mi banco de datos, así sabrían que sería bueno anunciar condones cerca de la casa de los López, pastillas y ginecólogos en la cuadra de Cecilia, restaurantes microbióticos abrirían bajo el edificio de la señora Rebeca y otras tantas cosas cambiarían en la ciudad, sin olvidar que Kleenex tendría siempre una caja disponible para secar las lágrimas de Deborah que triste va tirando otra carta de amor.