Cumpleaños de Meche Meche es una chihuahueña pegada a unos ojos enormes. Hoy cumplió nueve años y también en el fascinante Mercado de la Merced hubo pachanga. Santa Meche congregó a miles de personas pertenecientes a las familias, club de amigos y clientes de los comerciantes del recinto que hace no más de 100 años aún recibía las trajineras cargadas desde Xochimilco. Había varios altares en los que existía inversiones mayores al Fobaproa, pero que valían la pena echarles un par de ojos como los de Meche: con fuentes, estatuas, flores, telas, pintura; poco faltaba para que la misma virgen estuviera reposando ahí mesmo. Todos esos monumentos estaban distribuidos a lo largo y ancho del mercado interior, cuyo techo es altísimo y permitía que el sonido de las diversas bandas se mezclara en las bóvedas superando cualquier remix de salsa-cumbia-y-norteñas. Efectivamente había músicos y hasta pista de baile: quién hubiera pensado que un puesto de elotes podía servir para las "muchachas pulidoras". Entre todo esto uno observa que el Mercado de la Merced continúa siendo uno de los mejores organizados en la Ciudad de México: hay especialidades por área y puesto, y son pocos los que ofrecen más de 3 productos, salvo los que venden chiles secos, leguminosas y frutas. Ya se van viendo cebollas de tamaños exorbitantes, brillosas, recién peladas. Y a un lado las mazorcas dulces con granos bien gordos y apetecibles. Zanahorias y papas de tamaños bárbaros, montañas de chiles jalapeños, de hojas de maíz, plátano y maguey. El aroma en el pasillo de los ajos abre el apetito que se puede asegurar pasando a un lado de los inmensos huaraches que la gente come entusiasta. Eso si, el suelo recién pintado - observa el profesor De Gortari. Y la cubeta ahí, a un lado, para confirmar su sabiduría. En algunos puestos se observan galletas y refrescos que se ofrecen a los clientes y no pude comprobar si a los curiosos también. Ya vamos con un poco de prisa y el recorrido es muy rápido, la Merced nos despide con música de Polo Montañés, mientras nos internamos al metro que está dentro del mercado. Hubieramos querido tener unos ojos como los de Meche para ver mejor tantas maravillas de nuestro país en un sólo lugar - agrego en mis pensamientos a lo que dice el gran Escamilla. Y Meche? Meche hubiera querido tener nuestra libertad para poder venir a un lugar donde la abundancia se celebra y no quedarse encerrada con la Pelleja (su contrincante en versión xolo) discutiendo si Gloria Trevi y su comunión.