1ero de Octubre de 2004 El mérito de la gastronomía Creo que si de algo estoy harto es del ambiente mierda que existe dentro de la profesión de los gastrónomos. No se cómo funcione en el resto del mundo, pero aquí en México tenemos la peor de las suertes y no hacemos más que las cosas funcionen mal. En mis casi dos años de experiencia dentro del ramo he tenido experiencias maravillosas, eso no lo puedo negar, pero también he tenido muchas malaventuras con personas y situaciones que van desde los mismos compañeros de estudio hasta los clientes, pasando evidentemente por maestros. Me parece abrumador pensar en todas las trabas y juegos sucios que existen dentro de una profesión que podría ser la más bonita del mundo, donde la envidia tiene un papel estelar a un lado de la corrupción, robo y mentira. Poco a poco voy entendiendo que en los niveles de realidad fuera de la escuela, existen divisiones terribles que separan a los diversos profesionales en bandos: buenos, malos, ovalados, picantes, dulces, cultos, adinerados, suertudos. Me pongo a pensar en España que actualmente tiene uno de los índices de turismo más elevados y gran parte se lo debe a la gastronomía. Los españoles han aprendido a trabajar juntos, y aunque seguramente existen envidias, son pormenores o al menos no determinan una forma de vida. Quizá muchos odian a Adriá y otros cuantos a Berasategui, pero a pesar de eso, cada quien hace su trabajo bien y de ahí se desprende que exista una cocina maravillosa y un mundo de posibilidades de buena calidad todas. Aquí por el contrario nos dedicamos a ver quien hace que, cuantos concursos gana, cuantos pierde, si sale o no en la tele, si dijo X o Z, si es buena o mala su idea para robársela. Alto ¿Qué sucede? Por que no cada quien se pone a hacer su trabajo bien y enriquece el ambiente en lugar de estar metiendo el pie y nariz donde las cosas desean marchar bien desde un principio. Mejores no hay, eso que nos quede claro, no hay ni mejor cocinero del mundo, ni mejor gastrónomo del mundo, ni mejor de nada. Cada quien desarrolla trabajos y funciones distintas, cada persona significa un mundo y una percepción igualmente válidas en todo sentidos. De que pueden existir opiniones y diferencias estoy de acuerdo, pero de ahí a levantar muros hay una gran diferencia. ¿En qué momento nos volvemos prejuiciosos? ¿En qué momento perdemos la inocencia? ¿Qué día nos comenzamos a satisfacer de los fracasos ajenos antes de los éxitos propios? Me hablan cierto día sobre el cuento de los cangrejos que ya sólo coraje me da escucharlo y escribirlo. Dos cubetas, una con cangrejos gastrónomos mexicanos y otras con cangrejos gastrónomos españoles. La segunda cubeta pronto está vacía pues se han ayudado unos a otros para salir de ahí; la primera cubeta, la de los mexicanos, sigue bien llena y con algunos cangrejos muertos, pues apenas comienza el intento de cualquiera de salir y los demás le acribillan y lo jalan para adentro nuevamente. Por otra parte debo quejarme de la mala educación que se da en ciertas escuelas donde se imparten cursos, carreras, diplomados, diplomitas y todo eso alrededor de la gastronomía. Creo que en parte se debe a que existen muchas personas que desvirtúan la profesión, que le quitan mérito a esto de ser cocinero integral, pues estudian únicamente con sed de dinero, con ganas de preparar buenas comidas a sus matrimonios o porque está "de moda". ¡Joder! Dedíquense a otra cosa y permitan el fácil progreso y el embellecimiento de nuestra empresa de vida. ¿Cuántas cosas he dejado de aprender y de lograr por la flojera, desinterés, apatía y mediocridad de los demás? La cocina, la gastronomía, es un trabajo en equipo, pero si el equipo no funciona los resultados son inexistentes. Puedo citar situaciones y personas, pero no soy rencoroso porque por ahí la vida nos quiere volver a cruzar a todos y que pena me daría tener que darle la espalda a alguien. Es más elegante y sabio dar cachetada con guante blanco. Estoy abierto a entender, platicar, recibir, crear y trabajar con cualquier persona siempre y cuando se acerque a mi sin máscaras, sin pretensiones más que la de un trabajo puro y del alma y sin el afán de robar, trabar o joderme la existencia. ¿Quieren mis ideas? ¿Róbenlas todas! Cada día habrán mejores y más sustanciales por venir. Si en algún momento yo quiero sus ideas no será para hacer negocio o forma de vida, será porque reconozco en ellas una intención admirable y una posible forma de crecimiento propio. Este tema queda con muchos pendientes a desarrollar. Saludos cordiales, Arturo García México D.F.