7 de octubre de 2004 Bistec de esquimal Hoy en clase el profesor Zepeda (1) nos habló del libro titulado "El país de las sombras largas" de Hans Ruesch. Lo denominó "un libro hermoso". En fin, lo que me llamó la atención fue lo que nos contó acerca de la muerte de los esquimales. Dijo el profesor que había leído en aquel libro que cuando los esquimales se quedaban sin dientes para comer significaba que debían morir, entonces se alejaban y se perdían en medio del hielo, donde se desnudaban al frío y morían por hipotermia, una de las muertes más pasivas y cálidas sorprendentemente. Esto lo hacen esperando servir de alimento para algún animal de la región que después probablemente servirá también de alimento para la tribu a la que el esquimal alguna vez perteneció. Es una forma de regreso, de resurrección, es un hermoso concepto que relaciona la vida y la muerte con la comida. En polvo nos convertiremos, en polvo, en abono de tierra o nos diluiremos en agua de mar si avientan nuestras cenizas ahí. Algún día un pez que haya dado un trago de agua con nuestra ceniza será sacado del océano y servirá de alimento para alguien más. Seguramente que he comido una manzana del árbol de la tumba de muchos hombres y mujeres, por eso soy muchos, soy historia viva. (1). Nótese que el apellido del profesor es de novela estilo Los amiguetes del pequeño Nicolás.