Ventana sobre el pan A Eduardo Galeano Ha llegado el día final en la vida de otro viejo panadero. Los ojos le sonríen bajo arrugas infinitas y las manos, que son un poco de escultura y otro poco de música, ofrecen al panadero joven su mejor y última pieza de pan. La costumbre es antigua y no muere: el panadero joven no guarda ese pan perfecto donde su maestro ha dejado el alma para contemplarlo y admirarlo, sino que come una parte y el resto lo desmorona y lo integra a su masa.