19 de octubre De mis manos Cada noche, desde hace tres semanas, me he sentado a escribir pequeñas reflexiones, cuentos, ocurrencias, diálogos y demás, siempre alrededor de la gastronomía. Las ideas proviene de mis manos, de mi pensamiento, de mi interacción con el mundo y los ojos de fuego y hielo con que le miro. ¿Acaso no es increíble poder hacer algo así para regocijo de uno mismo? Esta tarde por ejemplo, he salido temprano de mis cursos y he venido a casa. La tarde peinaba ya los rayos de sol que habían quemado todo el día las casas y las calles de la ciudad. Me propuse hacer pan. Así tomé doscientos diez gramos de harina de trigo, cuarenta gramos de salvado, treinta gramos de levadura fresca, diez gramos de azúcar, cinco de sal, doce de leche en polvo, veinte de mantequilla y cerca de ciento sesenta mililitros de agua. Los combine y los amasé dulcemente. Me tomó menos de diez minutos tener en mis manos una masa bien agradable al tacto. Luego la puse en una charola y la llevé al auto, donde el calor acumulado del día estaba aun encerrado. La dejé media hora ahí y cuando volví por ella había crecido enormemente. Entré a casa y el enorme bollo entro al horno por casi treinta minutos a ciento ochenta grados. Mientras tanto, me senté un rato al piano a enamorarme de la perfecta armonía del nocturno número diez en do sostenido menor opus veintisiete de Federico Chopin. El aire impregnado traía un grito desde el horno en auxilio, así que fui por el pan, lo saqué, apagué el campo de concentración de las levaduras y esperé diez minutos a que enfriara un poco. Luego partí un gran pedazo, le puse cajeta y me lo comí con el bote de leche en la mano. Pensaba entonces que sabía hacer un pan, que ya podría para siempre comer algo. Luego me imaginaba en situación de extrema pobreza pensando si sería mejor comprar bolillos de un peso o comprar por el precio de siete un kilo de harina. Me estaba comiendo un pan que yo mismo hice para mi propio regocijo¡¡que maravilla!! Sólo se me había pasado la mano a levadura y el sabor era inconfundible. Ese pan hecho por mis manos como ésta reflexión pensada por mi cabeza, provienen de la forma en que intenté arreglar por algunos segundos pequeñas partes del mundo.