21 de octubre Comida artística II Hoy por la noche me hablan en una conferencia, Helena y Sara, sobre la posible relación entre lienzos y esculturas de los ismos del siglo pasado y platillos de comida. La charla es buena, sobre todo con una belleza como Helena al frente. Me gusta en especial la comparación de un cuadro de Duchamp de 1912 (Desnudo bajando la esclarea) con un platillo que asemeja una cascada con una base de chocolate y bolas de frutas, caramelo y otros detalles. La plática, de boca de las platiconas, intenta proponernos un nuevo campo de acción de la cocina, y fuera de eso no hallo otra cuestión. Es entretenido ver como inventan relaciones entre lienzos y platos que definitivamente nunca nacieron por el mismo motivo, como queriendo meter a huevo una pieza en un rompecabezas que no va. A muchos pudo abrirles caminos en la imaginación, por qué no hacer un platillo surreal, pop o de arte pobre, que si Picabia, que si Delaunay. Y al final una chica se expresa lindo y habla de hedonismo, y cuestiona que cómo se podría hacer un platillo sobre la amargura, que el chocolate no tiene que ver con el expresionismo alemán, y otra serie de balazos contra las expositoras. Por un momento parece la cámara de senadores, o habré querido decir cenadores. En fin, yo me callo por qué así me veo más bonito, por qué las ideas se me revuelven cuando hablo fuerte para mucha gente y luego no se ni que digo, además me quedo pensando si Edvard Munch es pintor noruego o alemán. Eso si, estoy de acuerdo con Sara, y lo pensé mientras hablaban durante la exposición: un lienzo es físicamente bidimensional, en cambio un platillo es polidimensional, pues están todos los sentidos involucrados, aunque éste último es mucho más fugaz. La comida más antigua siempre tiene un significado: los tamales, el arroz, el pan, el vino, el queso, las tortillas, etc... Están acompañados de una visión particular del mundo, de una serie de símbolos y significados algunos profundos y otros digeribles, forman parte de la cosmovisión de un pueblo, de las leyendas locales o de las tradiciones milenarias. La comida es portadora de un mensaje, pero no siempre cumple esa función y la mayoría de las veces convierte en una repetición casi automática: ¿Cuántos panes no se hornean al día? No veo por ejemplo que cada semana se pinte una repetición de Las señoritas de Aviñón. La comida puede ser un arte, desde el punto de vista de la habilidad profesional, y quedarse en ese plano de ser cocinada sin mayor afán que el de dar de comer. Aunque también puede ser una Bella Arte, un Arte con mayúscula, si el que cocina imprime sensaciones en sus platillos, si busca ir más allá de alimentar solamente a su espectador, de decirle cómo se siente o que opina del último partido del Roland Garros. Lo difícil quizá es saber hasta dónde se debe alejar la comida de la función de alimentar para ponerse en el papel de una obra de Arte. ¿Qué quieres ser, cocinero o artista? Por qué no un poco de ambos. Ésta es una discusión sin final. http://www.artehistoria.com/frames.htm?http://www.artehistoria.com/tienda/banco/cuadros /12348.htm