Miércoles 27 de octubre ¿Cómo se dice pueblo en femenino? Se dice entre casitas y catedrales de un centro citadino de altura más bien baja, de fría herrería bien trabajada y muchos ladrillos intercalados con mosaicos azules. Si uno llega de noche debe procurar que sea antes de las 23 horas pues sino los camiones ya no pasan y los taxistas se cotizan alto y de cuarenta pesos previamente acordados, se brincan al tostón sin tu siquiera saber cómo reclamarles. Luego por cuestiones de ahorro te hallas con mochila al hombro frente a una puerta de madera bien alta de una casona de dos pisos toda apagada y hasta un poco en comunión macabra con la calle solitaria que le franquea al frente. Efectivamente es tétrico una vez que te abren y te piden esperes en la banquita en lo que llega "el abogado". Entonces no puedes dejar de pensar en quien coños será el abogado y por qué tiene que llegar él para poder dormir si son ya casi las doce de la noche. Llega finalmente "el abogado" y tu tienes un vaso en la mano relleno con jugo de uva. El tipo saluda con palabras cortadas y se le ve como en una preocupación que le ausenta de la vida misma. Entonces entendés que no hay luz, que por eso estabas en la sombra macabra esperando "al abogado". El tipín se pone a conectar unos cables que salen desde adentro de la casa, donde apenas un cuarto si está iluminado. Tu le ayudas con una lamparita que traes porque sientes que sino nunca conciliarás sueño esa noche. Salen chispas, total no se puede. Acordado entonces, de 80 a 60 pesos la noche sólo porque no hay luz, pero eso sí con velas incluidas. Entonces pasas del vestíbulo tétrico donde se jugó toda la escena de los cables al patio abierto que se extiende unos metros más allá, tras una reja y un mostrador con relojes que supuestamente marcan las horas del mundo. El miedo comienza cuando te explica "el abogado" que los cuartos están arriba. Entonces hay que subir por una escalera que está pegada a una de las paredes del patio, esquivando algunas ramas de una enredadera enorme y deshojada que se atraviesan en cada peldaño. Sus infinitos tentáculos bordean todo el patio desde el corredor abierto del segundo piso y abrazan ahí arriba un candelabro negro que no tiene razón en la escena más que la del puro terror. Finalmente se abre una de las puertas de la segunda planta y tras una espesa cortina verde espera un cuarto aterrador, con dos o quizá tres camas resguardadas bajo un techo demasiado alto y sobrias paredes. Hay una puerta de acceso hacia otro cuarto y luego hacia otro, entonces es claro que todo arriba está interconectado. Finalmente se elige un cuarto que servirá de aposento entre sus paredes rojas y una lúgubre ventana que da hacia la calle. Las velas sobre una mesa aumentan la tensión en el ambiente y el abogado ya se ha ido. Un pequeño recorrido por lo restante de la planta superior descubre al centro una sala donde encuentras más velas usadas. A la derecha del cuarto un comedor que luego se comunica con un cuarto enorme a través de una cortina que funge como puerta, y al fondo de ese trayecto la cocina que guarda en el frigorífico un olor de hace meses. En la cocina también hay una salida hacia una zotegüela donde está el baño entre la luz de la luna y una vista hacia el patio de la enredadera y el candelabro. El sitio se presta para no dormir pues además cuando se intenta poner dicha actividad en práctica, hay un escuadrón de moscos que lo impedirá a toda costa. Finalmente amanece y contra lo que uno pensaría, a la luz del día el aspecto del sitio sigue siendo cadavérico. Inmediatamente te levantas y con mochila al hombro desciendes tan rápido como puedes por la escalera para salir del Albergue de Jeunesses y no volver jamás.