Sábado 6 de noviembre Poesía viva Fue un día perpetuo con algo de poesía, aunque al final si se terminó. Debo aclarar que mis días no se dividen tanto por el uso horario sino más bien por la separación entre la realidad y los sueños. Así este día dura por ejemplo hasta las 4.30 de la mañana, cuando finalmente me acuesto sin sueño y con emoción a dormir unas horas. Fue un día de mucho piano por la mañana, de avanzar hasta el compás 35, y luego en la tarde finalmente apareció la comida y la gente. Quince años de una hermana de Pepe bastaron para reunir a varios primos y hasta dos amigos del hermano. Y ahí estuvimos, mientras tristemente anochecía a las 6.30 de la tarde, entre tacos de papa, de aporreadillo, de picadillo salado y dulce, de mole y tinga. Siempre ritual alrededor de la comida en bodas, bautizos, cumpleaños. Se trata de compartir con los invitados la alegría a través de una celebración donde la comida y la bebida juegan un pretexto ideal. ¿En estos días cómo sería invitar a una reunión social sin ofrecer absolutamente nada más que asiento? Sería bien extraño no tener un ablandador, una muletilla como lo es el alimento. Ya por la noche estoy de pronto en una fiesta. ¿Cómo son las fiestas? Pues hay de muchos tipos, pero la de hoy está bien distinta pues al principio hasta un cantaor esta haciendo espectáculo mientras una mujer sin pasión le intenta seguir con el zapateo. Y bueno, en esta casa de la calle Independencia sucede un episodio bien novelesco: Estamos Atenea Garza Levy, su amiga Mariel y yo cerca de un pasillo que comunica con la entrada desde la calle. Entra una chica guapa y les digo, Ey miren. Atenea me dice, Es Mariana Fabela, ya la conoces. Efectivamente, me acuerdo entonces que la conocí justo en una fiesta hace quizá ya más de un año, entre lluvia y pasos de salsa. Al final de aquella noche, con un poco de chanchullo logré un aventón de regreso en su coche pues también se regresaba otra amiga que vive cerca de mi casa, por qué no aprovechar? Pasamos primero a casa de Alejandra, que se despide y baja. Luego me viene a dejar hasta mi casa y platicamos los escasos 5 minutos trivialidades as always. Claro que me acuerdo, como no acordarme, le digo a Atenea. Está Fabela cerca sentada en un círculo al suelo, la miro con detenimiento y me doy cuenta de una enorme y hermosa casualidad. Desde aquella fiesta había pasado el tiempo y yo había olvidado su rostro. Luego hace tres meses estoy en el centro de Tlalpan con Pepe y desde una banca sentados vemos a una linda chica en una mesa exterior del Café de la Selva platicando con un amigo. De pronto pagan la cuenta, se levantan y comienzan a caminar por una calle. Yo apresurado corro hacía el jardín, busco una pequeña flor que resulta ser blanca y luego les alcanzo y le me dirijo a ella con flor en mano, Oye disculpa, se te calló esto. Gracias, dice con sonrisa y luego cada quien toma su camino. Era ella, la misma chica de la fiesta con lluvia y la flor en Tlalpan, era Mariana Fabela. No puede ser, ni yo mismo lo creo, así que Atenea y Mariel escuchan mi plan, Voy a buscar una flor en el jardín y se la voy a dar, ella seguro se va a acordar de la flor en Tlalpan y el momento va a ser bien poético, bien parte de ese mundo alterno de pequeñas construcciones como la de la hoja de un árbol y sus dos lecturas. Total que encuentro una flor bien linda, pero bien en el fondo del jardín. Y la flor me dura hora y media en la mano pues estoy esperando a que se preste la oportunidad. Al final ninguna oportunidad se presta, me acerco y discretamente le digo, Oye, una cosa, se te callo esto. Ella sonríe enormemente y da las gracias. Me levanto sin saber que más decir y me voy un poco hacia la salida, ya queriéndome ir. Pero me quedo hablando unos instantes más con unos amigos ahí cerca y de pronto pasa ella hacia el baño que quedaba por la zona. La alcanzo en la fila y argumento, Me gustaría saber como se llama la chica a la que le he dado dos flores, una por casualidad y otra por detalle (ambas por que estas preciosa pienso). Fabela, Mariana Fabela, responde un poco tímida. Pausa pues entra al baño. Al salir Arturo la llama, ¡Mariana!, y tras unos pasos de ella complementa, Que extraño, que casual, esta curioso no crees?, Si es un lindo detalle, responde, Oye tu crees que nos podríamos ver algún otro día?, Uy lo que pasa es que tengo chico (Pero dejémoslo al destino, lo leo en sus ojos), Bueno un gusto igual, hasta pronto. Ella se ha quedado sólo con la historia de las dos flores y seguro que le encanta ser protagonista. No sabe que el "extraño de las flores" alguna vez estuvo subido en su coche, hace ya mucho tiempo, y que incluso le llevo hasta su casa en una noche de lluvia. Me gusta jugar a que el destino seguro va a hacer que nos encontremos otra vez. Sería lindo que ahora fuese ella quien me dijera, Disculpa se te callo esto. Pero seguro eso no pasará y será la tercera flor que yo le daré junto a la historia que ella desconoce. A ver que sucede.