13 de noviembre El diseño también se come Cuando conozco a una persona dedicada al diseño gráfico inmediatamente lo sitúo sobre una gran mesa con un pliego de papel y utensilios de papelería. Y pienso en que son personas a las que les gustaría que el mundo estuviera más ordenado. Un diseñador se agobia frente a un sitio como lo puede ser la calle de Regina en el centro histórico de la ciudad: el caos y la contaminación visual son factores comunes y predominantes. Sabemos que hay un oculto instinto animal que nos implora siempre procurar lo mejor del mundo que nos rodea. Los diseñadores sencillamente desarrollan y hacen público dicho instinto. Pero ¿Por qué estoy hablando de diseñadores? Sucede que la comida ahora ya es imborrable de la lista de negocios comerciales en cualquier ciudad del planeta, y precisamente lo que se busca en lugares donde se vende comida generalmente es atraer a la gente. La cocina es una forma de diseño pero a un nivel mucho más complejo. Existen varias etapas de diseño dentro de la comida. Tenemos por ejemplo, que dependiendo el sitio y el tipo de comida, encontramos en mayor o menor medida lo que yo llamo niveles de diseño culinario. ¿Cuáles serían? Los cocineros buscamos armonizar varias cuestiones en el platillo, algunos comienzan por el aspecto visual que sería lo más cercano al diseño gráfico. Claro que existe y es importante pero no es una regla general y de los sobrados ejemplos puedo citar los sesos de cerdo que no siempre son agradables a nuestro ojo. Debemos considerar que dentro de este nivel se incluyen muchos pequeños detalles como la armonía de colores y de formas-figuras. Luego existe otro nivel que sería el del sabor. Éste si es una regla general y debe ser siempre armónico claro que aquí entramos en la lucha de subjetivo- objetivo. Pero recordemos que es muy diferente el "no me gusta" a el "no está bueno". Otros niveles de diseño culinario menos importantes pero igualmente imprescindibles son la temperatura y la textura que al igual que pueden no significar gran parte de un platillo pueden también definir el toque final entre el bueno y el malo, como por ejemplo la textura de un pescado fresco o el correcto frío en un gazpacho. Se entiende entonces que cocinar implica diseñar un platillo con niveles estrictos, como el sabor, y niveles flexibles como el aspecto visual (colores y formas), las texturas y las temperaturas.