21 de noviembre de 2004 Un lugar desconocido "La Madrileña" creo que se llama un pequeño restaurante ubicado en la av. Miguel Ángel de Quevedo casi esquina con Pacífico, junto al Block Búster que por ahí se levanta. Contando hoy van cerca de cuatro veces que tengo el gusto de comer ahí. Es un sitio que pasa totalmente desapercibido pues la ubicación no es nada estratégica y realmente parece más una casa con graffiti en las paredes. Cuando uno camina alrededor del sitio el olor es algo espectacular. Una vez adentro el olfato se acostumbra y transforma en apetito. Nos sentamos en una de las escasas cinco mesas que tiene el sitio y la que lleva el menú a la mesa es la esposa del señor español malencarado que tiene cara de ser dueño. Es una carta bien corta pero bien apetecible que incluye marisco y pescado, algunas viandas y cuatro o cinco potajes como la fabada. Esta vez he pedido un filete de robalo rebosado ($95), de muy buen tamaño, muy bien sazonado y de una frescura indiscutible, que se acompaña de una sencilla ensalada de lechuga, jitomate y cebolla con el sabor igualmente adecuado del vinagre, aceite y sal. He probado por ahí la paella que han pedido mis padres: un plato inmenso si con variedad pero no con cantidad de animales, pero un muy buen sabor y término de cocción en el arroz. Como nunca llegó un caldo de queso que había ordenado compensé el hueco con una tortilla española ($40) que igualmente se podría llevar un premio pues posee una cocción adecuada (un poco caldosa al centro y bien cerrada por afuera) y un sabor precioso, además de ser de un tamaño perfecto para compartir entre dos personas. Hay otras dos mesas ocupadas con españoles que seguramente viven cerca y buscan con nostalgia la comida de casa. Definitivamente recomiendo este sitio a quienes sin importar tanto el glamour y blof están dispuestos a recibir una lección de buen sabor tradicional español en el paladar.