22 de noviembre Pan de muerto atrasado No es que el muerto se haya atrasado, sino más bien yo en las fechas. Resulta que desde hace rato quería fabricar pan de muerto para el 1 y 2 de noviembre, igual juntar a los amigos alrededor de la tradición, que se yo. Pero entre gripas, excursiones, exámenes y mujeres el tiempo escasea y uno va dejando lo mejor al final. Hoy lunes de vacaciones he decidido poner manos a la obra, y aunque ha sido un poco tarde, finalmente hay 9 panes de muerto recién horneados y uno recién comido. Ya podría ir ahora a venderlos entre los vecinos y recuperar la pequeña inversión, pero la verdad afuera hace un frío canijo y como me la he pasado en el calor de la cocina toda la tarde no vaya a ser que me quede con la sonrisa chueca o las pestañas trabadas para siempre. Además de que entre el amasado y el fermentado me gusta mucho bañarme pues estoy empapado de sudor y con las manos llenas de lodo de trigo. Y luego es bajar a la cocina y ver que la masa se ha tomado el papel de la mancha voraz muy en serio ya queriendo desbordar de su recipiente. Ya no debo de pensar que la pieza que me comí traía cerca de 30 gr de mantequilla, 25 de azúcar, medio huevo, 80 de harina, 20 de leche, 1 de sal, etc., sino más bien que era una forma de recuperar el sudor perdido por tres horas de arduo azote-envuelva-gire en el que también además seguramente dejé un pedacito de alma.