26 viernes de noviembre Cocina de fusión: caso Salomé y Licha En casa de la abuela se come un pulpo perfecto con mucho pimentón y ajo. También hay enorme camarones capeados o en alguna ocasión fríos con limón y sal. Generalmente se ofrece un vaso con leche a todo individuo que insinúe menoría de edad o incluso circunde los 18 años con relativa proximidad. A los demás se les llena la copa con vino tinto o blanco, según la ocasión, o sino un vaso de agua fría natural o de sabor. Llamarle al pan pan no es necesario en este pequeño departamento de la colonia Roma pues nunca se ha visto que falte al centro de la mesa, de costra dura y migajón abundante, europeamente favorito. Han sido treinta o más años en los que se ha repetido a escala la conquista de 1521: poco a poco se ha creado una fusión entre lo sumo indígena de doña Licha y el ceceo gallegamente cultivado de Salomé. Así es como pueden encontrarse un día tamales o tlacoyos, o por igual el plato se llena de fabada y empanadas gallegas. No me extrañaría encontrar algún día de estos algo así como una migas al mole poblano. Además el comedor de-ébano-de-cien-años-que-yo-quería-vender tiene preciosamente talladas escenas bélicas, aunque sin el contexto de la conquista a escala, son sencillas armaduras de caballeros y ornamentos bobos. El suelo donde está el comedor tiene una forma convexa increíble y el hundimiento de Bellas Artes es una broma a comparación de lo que sucede en este segundo piso. De lo anterior hay dos deducciones cardinales: la digestión no es pareja, siempre trabaja más un lado del estómago que el otro; además estoy seguro que algún día acabaremos compartiendo el alimento con los vecinos de abajo, a lo cual yo no le veo ningún inconveniente pues para eso es la comida, para compartir. Para saber más sobre la conquista de México compra un libro y leelo.