27 de noviembre La planta de arriba Cuca sólo viene una vez por semana y es ella quien me trae la comida, lleva la ropa sucia y me cuenta lo que ve allá afuera. Ya son cinco meses los que llevo aquí encerrado, en mis cuatro paredes de silenciosos colores y de olvidados retratos. Me acuerdo sobre todo de aquella pintura que está cerca del corredor de la entrada, de la fascinante mezcla de óleos que descubre lánguidamente las facciones de la tía Remedios. Augusto, el vecino de abajo, viene de vez en cuando a charlar y mira el cuadro por largos minutos antes de marcharse. Y como si fuese parte del ritual siempre me pregunta algo sobre la tía, y yo finjo no escucharle mientras termino el último cigarrillo del día en mi amable mecedora. De los demás vecinos hace tiempo que no se nada. Augusto asegura que ha visto a una señora mayor salir de vez en cuando de la planta de arriba. Sin embargo yo escucho a menudo pasos fuertes, voces gruesas apagadas que confunden la imagen de la vieja. La historia continúa algo así en mi cabeza: Comienza a conocer los olores de la comida, no hay lugares cercanos y está seguro que provienen de ahí pues además hay ruido arriba de su cocina cuando se llena su apartamento de esos hálitos tan llenos de vida. Siempre que cuca llega le habla de los terribles antojos de los que es víctima. Pronto se había acostumbrado al diaria invasión, siempre tan diversa, siempre tan gustosa. Comenzó a conocer y a querer a quien fuese que hacía aquellos guisos. Podía entender que día estaba enojada, triste, feliz, melancólica esa persona. Hubo una semana completa en que el piso se lleno de olores tristes y luego de pronto el día siguiente me quede esperando las novedades, y el olor nunca llego. Sabía que a partir de entonces sólo entraría el aire contaminado de la ciudad a través de mi ventana. Augusto ya no pregunta nada sobre el retrato de la entrada, sólo mira desconcertado la imagen borrada de la tía Remedios. El caso es que se muere la tía Remedios que vivía arriba, y entones el retrato desaparece y se queda sólo un fondo oscuro sobre el lienzo, el chiste es hacerlo sutil y tácito.