1ero de diciembre de 2004 Despacio en el espacio NOTA AGREGADA EL 1ero DE DIC DE 2004: En la cocina, cómo en toda actividad humana, es importante el espacio. Por eso este semestre tuvimos una materia titulada "Plantación de espacios" que aunque resultó ser una basura, por lo menos me dejó clara la idea principal entre la relación de cocina y espacio. Se supondría que para fin de semestre sabríamos hacer el plano de una cocina para un restaurante de nuestra elección, además de conocer todos los trámites legales en México, las medidas estándar de los equipos, y especificaciones por el estilo. Todo fue visto muy a medias pues al profesor Zepeda le encantaba utilizar 1 o 1 ½ horas de su clase de 3 horas los jueves para realmente enseñarnos, el resto era pendejear. Un pequeño artículo que escribí sobre mi concepción del espacio es el siguiente: El título lo has leído al principio de la página y esto en realidad sólo es una nota inicial. Neil Amstrong pronunció orgulloso una frase prefabricada y holliwoodesca que quedó para la posteridad de los gringos, quizá buscando comenzar a hacer historia, a echar raíz. Un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad él nos decía desde el espacio, pero no desde cualquier espacio. Estaba en el espacio exterior. Por lógica, si se habla de un espacio exterior, quiere decir que hay un espacio interior, el de adentro de la atmósfera terrestre, el que ha vivido la eterna batalla entre el hombre y la naturaleza. Ambos, exterior e interior, espacios infinitos. El primero con esta propiedad considerablemente más desarrollada. Pero el que nos atañe en este texto no es el exterior como lo es en mayor medida el interior, pues ahí afuera, el hombre es aun el que se adapta, el sumiso, el entregado a. La historia aquí abajo, entre la tierra y el aire, cuenta versos similares a la conquista de la luna, pero en la antigüedad, cuando el proyecto de hombre en sus primeros pasos se protegía de la lluvia en las cuevas, o aprovechaba los árboles para tejer delicadas trampas o fabricar con sus maderas lanzas e instrumentos musicales: se adaptaba a su espacio. Sin embargo la historia la escriben los ganadores al paso del tiempo, y efectivamente el hombre dejó de ser un animal adaptado para convertirse en creador del propio espacio. Así ahora vemos inmensas ciudades que crecieron donde antes no había más que selvas, desiertos e incluso lagos. De las cavernas pasamos a las chozas, de las chozas a las casas y de las casa a los grandes edificios que rascan literalmente el cielo. La arquitectura se convirtió poco a poco en uno de los oficios más importantes para la humanidad, y también, desde hace tiempo, el espacio comenzó a adaptarse no sólo buscando satisfacer las necesidades básicas de protección, sino que también se involucraron los sentimientos y creencias de pueblos enteros, convirtiéndose así en un placer y un arte para la vista, el tacto y el oído. Vemos que el espacio efectivamente se ha ido concibiendo de distintas formas a lo largo del tiempo. Primero fue adaptarse, luego fue adaptarlo. En seguida casi se decoró y fue adquiriendo diversos usos. En la actualidad se desperdicia, se mal utiliza y parece ser que hace falta. Recientemente parece que se perdió el concepto de espacio como posibilidad, como materia de creación y como capacidad de sitio. Antes quizá podía tener mayor significado un espacio cómo un lienzo de pintura o como un pentagrama vacíos. Era el barro que posteriormente se convertiría en escultura, arma, objeto cotidiano o en lo que permitiera la imaginación. Sin embargo parece que al hombre le ganó la prisa y hoy en día vemos espacios poco funcionales, poco creativos y pésimamente aprovechados. No existe una distribución adecuada del espacio: largos y extensos campos se aburren a las afueras de las estrechas y amontonadas ciudades, que aún siendo grandes, conservan estas características. En el último siglo hemos escuchado mucho sobre espacio y tiempo. Pensemos: sin tiempo no hay espacio y sin espacio no hay tiempo. Recorrer un espacio toma tiempo; para que el tiempo pase debe haber un espacio. El tiempo es la medida del espacio y viceversa. Si no puedes contra tu enemigo, únetele. Parece ser que el hombre se unió a sus dos enemigos, a los dos causantes de su desaparición, a los que evitan su trascendencia, a los que significan su diminuto tamaño y a veces insignificancia. Sobre la faz de la Tierra parece que el tiempo y el espacio a veces se logran detener. Pero sólo es por un instante: afuera tenemos un espacio que no concibe nuestro tiempo como algo importante, sólo como una pequeñísima fracción de su inmensidad. Adentro tenemos un microcosmos que apenas logramos entender y suponer, que también está formado por espacios que no logramos concebir, y en el que el tiempo transcurre a velocidades impresionantes. Ya han sido varios los autores de novelas de ficción y los científicos que han visto posible la conquista de las estrellas y del microcosmos. Hace unas semanas veía un documental en la televisión tratando el tema de la adaptación del planeta rojo Marte para la vida humana. Un científico hablaba emocionado de enviar cápsulas productoras de CO2 con el fin de desarrollar una atmósfera que aumentara con los años la temperatura del planeta y permitiera un desarrollo de vida similar al de la Tierra. También a menudo escuchamos noticias de partículas cada vez más pequeñas que atraviesan nuestros espacios sin que siquiera nos demos cuenta. Ya vamos viendo que la carrera tiene aun mucha distancia, y que en realidad lo que dijo Amstrong estaba equivocado: era un pequeño paso para el hombre y uno aun más pequeño para la humanidad. Ya entenderemos que en el espacio vamos despacio.