Jueves 2 de diciembre de 2004 Me vale un comino Ayer Raúl trajo ésta expresión a la memoria pues había un frasquito de comino molido en la mesa mientras yo hacía conchas con sabor a levadura y avellana (un error patético en el sabor, un acierto esplendoroso en la vista pues ahora si seguí la técnica adecuada). Preguntaba mi amigo si por ser tan pequeño el comino (él lo estaba viendo molido) la gente hablaba de su valor para referirse a cosas sin importancia. Le contesté que probablemente si, pero que así no era el comino, aunque también las semillas son pequeñas antes de ser molidas. En fin, me gustó acordarme de la expresión y pensar sobre su posible origen, que seguramente será otra historia más "hecha a la medida" que la referencia tan inmediata al tamaño. Luego estábamos en el centro de la ciudad, calle Motolinia. Era la premiación de un concurso bien chafa de pintura patrocinada donde hasta salimos entrevistados por canal 22: la chica preguntaba - ¿Qué es arte para ti? – y luego daba 10 segundo para responder antes de cortar y agradecernos amablemente mientras yo apenas comenzaba a tomar aire para la respuesta tan difícil que siempre me pone a girar. Hablábamos de enamorarse de una mujer. Cuando cocinas aprendes a querer nuevos ingredientes. Yo por ejemplo antes jamás hablaba con la cebolla y con el chile. Ahora la cebolla me encanta, con el picante voy más despacio, pero voy. Es una cuestión de disciplina. Quizá lo mismo funcione con las mujeres. No siempre puedes esperar cocinar solamente con aceite de oliva si no te gustan los demás aceites, tienes que disciplinarte, aprender a querer a los demás ingredientes que pueden resultar igual de fabulosos una vez que te acostumbras. Quizá la fórmula también funciona con las chicas feas, que se yo. Pero todavía no me acostumbro, prefiero seguir "cocinando" con aceite de oliva, y me vale un comino lo que pienses al respecto.