Viernes 3 de diciembre de 2004 Con un ojo al gato y otro al garabato Ahora que desde ayer me instalé en esto de las expresiones culinarias, muy pocos sabrán o entenderán que la frase que ha servido de título para este texto tiene relación con la cocina. El profesor Escamilla me lo platicó algún día en el Castillo de Chapultepec, en víspera de un evento que en algunas horas nos tendría ocupadísimos, mientras caminábamos cargando literalmente la cocina a través de los pasillos del alguna vez aposento de Maximiliano de Hasburgo. Cuenta la historia que en cocinas antiguas, en sí es difícil hablar de fechas aquí, pero seguramente anteriores al invento de los frigoríficos, existía un aparato denominado garabato. Éste consistía en un mazo con picos que colgaba del techo a través de un sistema de polea y cuerda que estaba amarrado a un extremo de la habitación. ¿Con qué fin? Supuestamente los gatos llegaron a abundar en las cocinas en alguna época, y esto no suena a mentira si pensamos en la poca higiene y la cantidad de residuos que existían en aquellos recintos, siendo estos últimos el interés primordial de los animalitos. Luego el garabato servía para mantener las viandas suspendidas con los picos del mazo en el aire, lejos de poder ser devoradas por dichos felinos. Así cuando las cocineras o cocineros tuviesen que bajar el mazo para coger alguna carne necesitarían tener un ojo al gato y otro al garabato para evitar asaltos sorpresas de los mininos. De ahí cuando alguien tiene que cuidar o estar pendiente de varios asuntos o cosas a la vez se usa o usaba decir que tenía un ojo al gato y otro al garabato. Fin de la historia. El diccionario de la Real Academia Española confirma la teoría (sigue este vínculo): http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?TIPO_HTML=2&LEMA=garabato Si no puedes accesar dice algo así: garabato. (De or. prerromano). 1. m. Instrumento de hierro cuya punta forma un semicírculo. Sirve para tener colgado algo, o para asirlo o agarrarlo. 2. m. almocafre. 3. m. Soguilla pequeña con una estaca corta en cada extremo, para asir con ella el manojo o hacecillo de lino crudo y tenerlo firme a los golpes de mazo con que le quitan la gárgola o simiente. 4. m. Rasgo irregular hecho con la pluma, el lápiz, etc. 5. m. Arado en que el timón se sustituye por dos piezas de madera unidas a la cama, que permiten que haga el tiro una sola caballería. 6. m. Garfios de hierro que sujetos al extremo de una cuerda sirven para sacar objetos caídos en un pozo. 7. m. Palo de madera dura que forma gancho en un extremo. 8. m. palabrota. 9. m. Arg. Cada uno de los diversos arbustos ramosos de la familia de las Leguminosas, característicos por sus espinas en forma de garfio. 10. m. coloq. Cuba. Persona jorobada, contrahecha. 11. m. coloq. p. us. Aire, garbo y gentileza que tienen algunas mujeres, y les sirve de atractivo aunque no sean hermosas. 12. m. desus. bozal (? para perros). 13. m. pl. Escritura mal trazada. 14. m. pl. Acciones descompasadas con dedos y manos.