Inexorable, infalible, vehemencia, condescendiente Mi quehacer es infalible y no se moja con tus oraciones de agua para el desierto. Más bien echa raíz en la inocencia, sin caer en lo estúpido. Así por ejemplo hoy escribo como cuando escojo una fruta madura, con el tacto. Voy palpándome y no sé si estoy en el principio o comencé tal vez por la mitad. La pluma nunca tiene la culpa, ella es condescendiente. Más bien soy yo que después de leer cartas, escribir artículos, "deborahr" imágenes y hacer del día algo extraño, dejo la mente acelerada y entonces deseo inexorablemente hacer algo. No me puedo ir a la cama y dormir con la conciencia tranquila sin haber hecho un pan o pensado en la idea del siglo. Mejor por eso escribo, porque el pan tomaría mucho tiempo y seguro quedaría a la mitad del proceso; la idea del siglo no va a llegar hoy, de eso estoy seguro. Ya sólo me falta usar la palabra "vehemencia" así que hablaré del azul de tus ojos, ó probablemente de la forma en que algún día te voy a extrañar sin siquiera haberte conocido. ------------- Del mar al piano hay 176 sílabas (11x4x4) o lo que es igual cuatro versos de cuatro líneas endecasílabas todas ellas Abyecto embate de la canícula, vos que sois la entelequia de mi vida, enjuga en tu hálito ya mi lágrima que en figura de hábito cae rendida. Olvido mi ciencia en fugaz poesía y entonces sólo sé del mar al piano, pues existen mil y un abecedarios al suponer tu boca casi mía. Entre el mar y el piano existe ciencia. De mi piano a tu mar es la poesía: tenue marea que suena a fantasía, música para olvidar mi querencia. Castigas mi pentagrama de arena hecho eterno del infalible oleaje. Ni música ni agua: tu mensaje. Ni ciencia ni poesía: mi faena.