Me gusta la parranda, la vida bohemia, me gusta el buen vino Así dicta la letra de una canción de los internacionales Tigres del Norte que canturreaba hoy por la mañana. Y también hoy, pero ya más bien por la noche, nos iniciamos de manera ya más formal en el conocimiento del vino bajo la tutela del "mesie" Marc que sabe montones. El tipo tiene un humor excelente. Entonces nos habla de Noe como el primer gran borracho y las secuelas que el exceso le trajo en su vida bíblica. Luego de más lecciones de historia que van desde las Bodas de Canna hasta los interesantísimos descubrimientos de Dom Preignon en el siglo XVII, empieza la parte triste: para un buen vino a la vid se le castiga y sufre muchísimo. Empiezo a creer que estos franceses les gusta la comida que obtienen de amargarle la vida a los demás, pues también enloquecen a los gansos con focos y sonidos inoportunos que les hinchan el hígado de tanto frenesí e histeria. En fin, volviendo a la vid, se nos explica que mientras menos agua, más sol, suelo más pobre, restricción del crecimiento y amontonamiento de plantas, mejor saldrá un vino. Uno se pregunta entonces por qué tanto maltrato si estamos acostumbrados a ver que la naturaleza más abundante y libre es la de mejores resultados productivos. Se trata de una paradoja de lógica hermosa: la vid se debe concentrar en la producción de uvas con mayor sabor. Dice el monsieur que pensemos como un jarabe: mientras más agua menos sabor. Lo mismo con las vides, pues mientras menos uvas produzca, habrá mayor concentración de sabor en cada individua. Así que lo ideal e imposible sería obtener una uva por cada planta para que concentrara todo el sabor de los demás frutos inexistentes. Luego entonces uno empieza a entender el por qué de la rudeza hacia la liana vinícola (o contrariamente la ligereza, como los de Domeq para hacer el Padre Quino, por eso lo de mucho y barato). De ahí también se desprende las clasificaciones de los viñedos. Resulta que la producción de los viñedos se mide en hectolitros por hectárea, así mientras menos hectolitros por hectárea, se habla de un vino de mayor concentración y calidad. Por otra parte no había entendido porqué cuando la gente habla de vinos insiste tanto en las cosechas. Un poco de razonamiento y guía nos lleva a pensar en que cada año el clima es distinto (más lluvia, menos sol, más viento, más sol, nieve, frío, calor) lo cual produce distintos resultados en las uvas de los viñedos. Si en el año 2002 hubo mucho sol y poca lluvia, y en el 2003 hubo poco sol y mucha lluvia, entenderemos que las cosechas del 2002 darán vinos de mejores resultados que las del año consecutivo. Conclusión: la próxima vez que compres un vino piensa egoístamente, pues a mayor sufrimiento de la vid mayor será tu placer. Arturo García M