Un paseo por las nubes Muchos habrán visto la cursi película donde compartieron escena Keanu Reeves, Anthony Quinn, Debra Messing (sale hermosa en Hollywood Ending) y por supuesto Angélica Aragón entre otros: A walk in clouds. Cuando yo la vi, quería que mi vida tuviera una historia así, donde se mezclara una pesada tradición familiar y el amor hacia una mujer. Eso no pasará pronto porque nací en entre edificios y la mujer de mi vida aún no llega. Pero mi intención esta noche no es platicar sobre historias bobas. Más bien me interesa hablar sobre el vino en México, especialmente el potencial de la vitivinicultura en el país. Cuando nos hablan de vino mexicano la mayoría pensamos y nos reímos sin saber bien por qué del "Padre Quino que padre vino", del Calafia, o los creen ser un poco más sofisticados ya mencionan vinos XA Domeq o caldos de las bodegas de Luis Agustín Lacetto. Efectivamente, en México no está muy difundida la bebida del cáliz sagrado y es por eso que desconocemos que existen otras bodegas además de las ya mencionadas implícitamente. México tiene cinco zonas principales donde se cultiva la vid: Baja California, Coahuila, Querétaro, Sonora y Zacatecas. Baja California es quizá la más conocida de todas y esto debido a que se trata de un área donde las condiciones son idóneas para el desarrollo de viñedos, y por tanto, donde se producen los mejores vinos del país. Las corrientes marítimas* propician un clima adecuado junto al aire seco, los días de mucho sol y los inviernos más bien frescos. De ahí que los vinos de la región sean líquidos de gran concentración, de profundidad y sabores intensos, cargados. Existen varias bodegas en dicha región: Adobe Guadalupe, Bibayoff, Casa de Piedra, Cavas Valmar, Chateau Camou, Domeq, L.A. Cetto, Mogor Badan, Monte Xanic, Santo Tomás, Vinos Liceaga. Son varias, de acuerdo, pero Baja California es un territorio de extensión considerable y que tiene un potencial para una producción mucho mayor y de muy buena calidad. El clima es adecuado para tintos profundos, tintos que servirán para reservas y grandes reservas, y por qué no, algunos jóvenes y de crianza también. Además, ¿cómo es la cocina mexicana a grandes rasgos? Condimentada y de sabores fuertes. La deducción es sencilla: los vinos mexicanos embonan con la comida mexicana. Invertir en un cultivo de vid en la península que encierra el mar de Cortés puede significar una gran experiencia. Yo incursionaría ahí sin dudar un pelo, si tuviera el dinero y el conocimiento suficientes para hacerlo, pero no lo tengo, así que seguiré sentado aquí escribiendo sobre quimeras, comida, vinos y la vida. Para los millonarios gourmets hartos de una vida de concreto, que deseen explorar el campo, que anhelen que sus hijos vivan una tradición familiar de peso y que hagan el amor con sus futuras esposas entre los viñedos de la casa y sobre barricas francesas, entonces deben saber que el vino mexicano empieza a ganar terreno poco a poco y es buen momento para mirar hacia el noroeste del país. * Los corrientes que viajan desde el sur de América conocidas como "el Niño" y "la Niña" tiene una influencia en los vinos producidos en Baja California. El Niño produce clima más húmedo y cálido y por tanto cosechas de menos concentración, vinos más flojos. La Niña en cambio acentúa los días de sol y frío necesarios para las buenas cosechas y por ende los vinos concentrados y de cuerpo. Conclusión: Las niñas siempre traen cosas buenas.