Carta del marinero
Garrapatas a sus amigos
Queridas, Queridos,
He de confesar que de atarme a un mastil no estoy aun muy
convencido, no por miedo a la sirenas : si el naviro va a pique, primero ninos y mujeres, luego viejos, luego
hombres y cuando el turno
de salvarse era para el amarrado, ya son unos buenos metros
los que le separan de la
superficie y los bienaventurados.
La verdad no naci para ser martir. Ademas,
en todo caso no seria yo el del
mastil, sino el de la cera
en los oidos, como cualquier marino, y eso me salvaria de morir como heroe; el problema es que en este barco no hay velas y mas bien uno se entretiene como idiota para lograr encender la luz (no me vayan a decir que cada quien se entretiene como quiere). El interrmptor, tras media hora y tres puertas
en la nariz, aparece burlon en el techo. Ademas no me voy a meter un foco
en las orejas. La mar no es facil, profeso mi padre
tras narrarme que a los 17, la resaca de un revolcadero de Acapulco le arrastraba
lejos de la orilla. No hay que tenerle miedo, mas bien se trata de respeto, continuaba con las lecciones de etica marina, era la infancia; despues creci y mientras tanto aprendi a nadar. Tiempo despues, observaba patalear a mi padre en una alberca,
aventando litros de agua en los aires, logrando un desplazamiento fabulosamente nulo tras el ejercicio ; entonces comprendi que toda esa corriente
del pensamiento etico acuatico era en realidad el resultado de las malas relaciones de Neptuno y mi jefe, en pocas palabras, su torpeza en el agua. Y finalmente, aunque quedaron ciertas huellas de dicha filosofia, por el momento no me preocupo tanto en aplicarla, y mas bien aprendo a hacer nudos, a distinguir el boton para encender el barco con aquel que vacia el tanque de la caca. Esto de la navegacion es todo un oficio. Por ahora, en vez
de tener que afilar mis
armas para luchar contra titanes o corceles, me he divertido analizando como estribor y babor no son los duenios, ni proa y popa las dos rubias que van por alla, quebrando todo corazon marino
sobre el embarcadero.
Ya que estoy confesando,
ahi les va la segunda : nunca
habia dormido en el mar, bueno, en un camarote dentro de un barco que flota en el mar, bueno, en un puerto, pero igual
es la mar, y se mueve y todo. En la noche, un citadino como yo
recuerda sismos, camas giratorias de madrugada, la cuna de su infancia como ultimo y sopnifero recuerdo. Esta maniana al levantarme busque los tatuajes en mis grandes brazos pero encontre solo un lunar y un pelo grueso contrastando
con la languidez de mi carne. Chale.
La barba recien sale, la arracada
que llevo es de oro pero es muy pequena,
amores en los puertos, no en todos, y mas bien
en ciudades que finalmente
son oceanos tambien. Creo que no voy tan mal. Maniana aprendere a tirar y levar el ancla, a regar las orquideas (atencion, hay orquideas en el barco) y tal vez
consiga que alguien me
explique porque carajos en el Principado
de Monaco no se pagan impuestos.
Segun lo que Pierre me cuenta, lo demas
es juego de ninos. Pierre es el capitan. Juego de ninos como decia :
Monsieur Albertini, su esposa,
su hijita y el puto perro llegan, se instalan y te piden ensaladas todo el santo dia. Nos alejamos del puerto y anclamos
frente a una playa linda llena
de chichis al aire y otras menudencias.
Te encuentras con barquitos
alrededor tuyo por todas partes, los monsieurs y monsieuras que comen ensaladas y se tiran despues al mar quieto que nos rodea a flotar como lechugas.
Los de la tripulacion nos hacemos gestos de barco a barco, o jugamos a ver quien es el primero que desde las alturas encuentra la mas linda sirenita. Luego, y esto es secreto, picamos todos el boton de la caca y el barco pierde unas
buenas toneladas entre papel y pedaceria organica. Creo que la observacion queda en situacion extraordinaria : uno se encuentra que en este mundo, correcion, que en este mar, cada quien nada dentro de su propia mierda. Luego Monsieura
Albertini que regresa al barco con trazas de papel higienico en el cabello, sintiendose purificada por las sales minerales de la mar, y entonces se apoya en el barandal y mira ese quieto mar organico
desde donde su marido chapotea y agita las manecitas, y se extrana de lo rara que es la fauna marina, que las medusas no sabia que la hubiera tan rectangulares y manchadas, que que marca son esos peces marrones nadando de forma tan estricta.
De vez
en cuando hay que maniobrar media hora con una grua para bajar
la lanchita que viene dentro del barco,
hasta atras, y conseguir meter dentro, como por
obra de un milagro, a la dichosa seniora Albertini y su putito perrito Spuki-nosequemamada que quiere cagar y mear, efectivamente
cagar y mear, pero para el no hay lugar en el barco ni en todo el tinaco que nos rodea. Entonces es conducirlos a tierra y de nuevo evitar a toda costa
y en toda costa que la seniora Albertini vaya a caer al agua, al menos no sin caca, el perro vale madres,
mejor si se cae y se lo come una
priana de un bocado. Realizadas esta y otras operaciones de alto riesgo, al final del dia viene la vuelta al puerto de Fontvieille. Pronto desaparecen exahustos de tanta vacacion el senior Albertini, su esposa, su hijita y el puto perro que no conseguimos arrojar por la borda. Una vez la calma recobrada, los motores apagados, las cervezas a tiro de corcholata en el barecito del malecon, es importante colocarse
en la puerta de la cocina
que da hacia estribor, mirar el castillo del principe alla en la punta del penasco, y comenzar a aventar los restos de pan duro : hora de gozo para los pecesitos
que nadan felices entre la
caca y el agua jabonosa desalojadas nuevamente por los barcos
una vez estacionados. Hay una cosa importante a rescatar : nunca chapotear donde haya barcos anclados, lo demas pueden
olvidarlo.
Un
poco fuera de confesiones y
moralejas marineras, de anecdotas
organicas, me he puesto a pensar lo extraordinario que hay en el hecho de dar un giro de cuatrocientos grados a la vida en
cuestion de dias. Pero tal vez cuando
da mas vueltas el estomago
es al hacer retrospectiva :
hace dos anos casi exactos, cuando
tome aquel avion con destino
final la ciudad de Lyon, nunca
se me atravezo por la cabeza que cuatro meses despues estaria
trabajando en un restaurante
parisino de pelo y medio, y
que viviria anio y medio de
experiencias de todo genero, numero y color ; e imagine menos aun que el dia de mi cumpleanios vienticuatro presentaria mi renuncia y decidiria dos semanas mas tarde ir a probar suerte al sur, con todo y mi bici. Me pregunto ahora donde estare en dos anios y todas las respuestas que me doy son tan inciertas y exactas que no lamen ni siquiera el talon del pavorreal que es el destino. Cambiar, y sino, cambiar, y sino, cambiar… y sino,
morir.
Luego les cuento mas historias, a saber que son como los fuegos de artificio,
las mejores vienen al
final. Me despido silbando
dos canciones probablemente
de su dominio : Marinero
que se fue a la mari mari mari para ver que podia veri
veri veri y la de Cuando calienta el sol aqui en la playa con Joaquin Iglesias y bueno tambien la de « an ai guil ol gueys lob yuuuuuuu » que creo que dice algo del
mar porque la escuche en la
pelicula del Titanic (era en version turca, con animaciones rusas incrustadas, en
un cine de Bratislava, perdon
por ser tan posmoderno). Gros bisu me sami, espero verles pronto,
con ansias,
El marinero
Garrapatas
Honoris casual del untz-untz racaille bohème desde diciembre de 2006
« Prefiero vivir en azul y blanco a rayas, con aletas, gogles y esnorquel, que vivir de rodillas ».
Logica acigoL
Cuando se vive en el extranjero, el reencuentro con compatriotas resuelve al expatriado en uno de dos tajantes sesgos : o se es pendejo o
se es mamon.
Si el infortunado
cuenta que ha viajado y
relata un poco sus aventuras, entonces la opinion es :
ay que mamon que se cree de
mucho mundo.
Si humildemente
el reprobo esconde sus viajes, entonces se escucha: ay que pendejo que no aprovecha .