LOS SABORES DEL TURISMO Por Eric Enríquez Gómez Quien se fuera a imaginar que en mi época de infante, mis abuelos nos citaban todos los fines de semana en su casa con motivo de viajes cortos de uno o dos días, con el puro propósito de realizar un viaje de antojo, por ejemplo; recuerdo que íbamos a Tejupilco a comer nieve, un tremendo calor nos agobiaba pero solo teníamos un objetivo que alcanzar y era el de llegar a degustar una refrescante nieve, yo pensaba en aquel entonces que esto era una exageración - ir a Tejupilco por nieve pero si nieve podemos comer en Toluca- aaay ahora entiendo el gusto de mis abuelos por LOS SABORES DEL TURISMO. Dentro de esta sección pretendo que se cuenten las anécdotas de todos aquellos Epicúreos, que tienen el gusto de viajar, apreciando la riqueza de la gastronomía. SABORES DEL TURISMO Dos Tlayudas con tasajo y una empanada de amarillo para compartir…DOñAAA Eso fue lo que pedíamos en un lugar muy pequeño de Oaxaca, claro sin pasar por alto que además disfrutábamos de la compañía de dos amigas del sol naciente, bueno creo que me estoy adelantando, sin más preámbulo les contare que en vacaciones de semana Santa me dispuse a partir con un amigo a tierra de Mixtecos y Zapotecos, exacto estoy hablando de Oaxaca lugar de los siete moles. Nos quedamos de ver en la terminal de mi natal Toluca, Estado de México, llegaron mis amigas FumiKa y Mari las dos de Japón, mi amigo llego tarde -no es costumbre de el llegar tarde pero esta vez nos retrazo un poco el viaje- antes de entrar a la terminal; como rito que acostumbro cuando viajo muy temprano; decidí comer una guajalota (esas deliciosas y saciantes tortas de tamal que se venden por las mañanas en la calle aquí en el Centro de México) en esta ocasión era de chile verde y además de tamal dorado. Llego mi amigo y nos fuimos al DF, partíamos a la Ciudad de Oaxaca por la tarde, al llegar nos dispusimos a buscar un hotelito barato, encontramos uno a un costado del mercado 20 de Noviembre, recinto gastronómico para turistas con buen poder adquisitivo o más bien sin ganas de buscar algo más módico. Nos instalamos en el Hotel y solo mi amigo y yo salimos a cenar, nos encontramos un puesto de tacos, bueno más bien de mini tacos, compramos uno para cada quien pero nuestra sorpresa fue que eran artesanales, ya que duraron casi 5 minutos en hacer un taco, lo único que se es que creo que si valió la pena, nuestra hambre no iba a dejarnos actuar modosamente. Eso si me pedí un refresco de esos que no hay en mi tierra, en esta ocasión sacie mi sed con un okay. Comimos además un tlayuda con tasajo frente al mercado, pequeña y con poca carne, esto nos estaba molestando por que conjuntamente el precio no se antojaba en nuestros bolsillos. Bendito sea por lo menos saciamos nuestra glotonería, pero sin paladear algo gratificante a nuestros sentidos. Al otro día decidimos almorzar en el mercado, empezando con un chocolate con leche y un champurrado, nos lo sirvieron con un pan de yema, propio para sopear nuestro espumante chocolate, seguimos de unas ricas enchiladas de mole negro y mis amigas de unas quesadillas; los dos platillos de muy buen sabor; pero la sorpresa fue el precio, nos echamos para atrás y nos arrepentimos, eso nos pasa por no preguntar antes. Por la tarde buscamos un lugar más económico, nos encontramos a un chaval que trabajaba para un modulo de información turística y proseguimos a pedirle que nos recomendara un lugar para comer barato; nos mando lejos del centro, caminamos hacia el lugar y encontramos un pequeño negocio que vendía tlayudas, quesadillas y empanadas de amarillo (uno de los siete moles de Oaxaca), sin más ni más entramos y solo se escucho una voz melódica que expresaba: dos tlayudas con tasajo y una empanada de amarillo para compartir, cual sería nuestra sorpresa que al llegar los tan codiciados platos nos quedamos gastro impactados, ya que se despedía un olor suculento que hacia que nuestras glándulas salivales trabajaran al 100%, emanando ese liquido que ayuda a la buena digestión, llamado saliva, en pocas palabras babeábamos de ver tan enormes tostadas rellenas de frijoles negros, col, jitomate y mucho quesillo; solo faltaba que tuvieran instructivo para ser un producto que cumpliera con las especificaciones que requiere la PROFECO, debido a que de tal tamaño no sabíamos por donde empezar a comérnoslas. La empanada de amarillo también de grande s dimensiones, pareciera tenis de jugador de la NBA, eso si lanzaba una fragancia a hierba santa; pedimos la cuenta y creo que hasta descuento de estudiante nos hicieron; nos salio súper barato. En fin creo que tenemos que buscar siempre donde comer, vale la pena caminar y recorrer calles sin infraestructura turística, pero eso si con un sabor a provincia que destaca la lejanía de la urbe. Pruébelo, pruébelo nos decía una viejecita que vendía téjate y nicuatole, el primero bebida hecha con hueso de mamey o pisles como lo llaman ellos además cacao, maíz, cenizas y un almíbar para darle dulzor y el segundo una especie de gelatina hecha con maíz y lo mejor sin uso de grenetina para solidificarla, todo esto digno de expertos sibaritas que buscan Los SABORES DEL TURISMO.