Reina astro Le imploré que fuese mi esclava, mi concubina turca, mi odalisca (bienaventurados sinónimos), y ella, entre taciturna y alunada, aceptó participar en mi harén. Pronto su desasosiego y pesadumbre habrían desaparecido. Entonces contemplaba, decúbito supina desde el tálamo, un mendrugo del firmamento contorneado en esférica cadencia por la única claraboya de la estancia. Yo, reina astro, alisaba mis níveas exhalaciones sobre otras tantas divas rendidas ante magnánimo talante. Chiquiteando Si en algo tengo paciencia, tolerancia y dedicación es en el acto amoroso. Aunque me produce placeres más intensos a los de la comida en paladar o las pompas en el trono real, no soy atrabancado, ni busco aniquilar pronto el goce que de ahí emana (como lo haría con un suculento pedazo de rosca o una hez de dimensiones paranormales). Por El gran turco