El Abiyhkardia
por
Lukas
Organismos
micros y macros, todos se admiran de lo afable que es el Abiyhkardia. Mientras
que unos son vulnerables y otros muy escurridizos, de entre la micro y macro
fauna que habita en el humano, el Abiyhkardia sobresale porque logra siempre
evadir toda alquimia desarrollada para su aniquilamiento.
No
tienen forma ni peso ni pulso y parecen hibernar en un solo músculo humano: en
lo hueco del corazón.
Ahí
puede permanecer inactivo durante toda la existencia de su ente huésped, e
igual en otros pareciera que iniciada la adolescencia (o incluso desde la
infancia) no descansa siquiera un minuto entero.
De
principio, la manifestación de un tipo de Abiyhkardias está determinada por la
oportunidad aparentemente azarosa del influjo de las endorfinas a razón de
avistar al ser amado. Así, cada vez que el corazón se oprime ante la despedida,
podemos decir con certeza que es un Abiyhkardia que se emociona con la fantasía
del reencuentro.
Otro
tipo de Abiyhkardia se hace notar mediante la inducción de taquicardias cuando
su ente huésped da cuenta del ausentismo y extrañamiento de un amor frustrado.
Una
tercera (y rarísima) especie de Abiyhkardia se genera exclusivamente cuando el
corazón donde se aloja siente la cercanía de otro corazón durante el acto
sexual y bajo una sola condición: el latido sincronizado de ambos órganos.
Más
aún, existe un cuarto tipo de Abiyhkardia que dormita todo el tiempo excepto
cuando el ente que lo auspicia entra en contacto con sabores nuevos, nunca
antes experimentados.
El
Abiyhkardia menos estudiado y del que menos se conoce corresponde al que
deambula por todo el miocardio cuando se sueña; si es una pesadilla, se
multiplica, mientras que si es un sueño apacible recorre el corazón de forma
circular doble asemejando el símbolo para denotar el infinito.
Es
por esto que muchos estudiosos han sugerido que tales seres solo lo son tal
cual durante la infancia y la adolescencia principalmente; que cuando el ser
humano alcanza la adultez todos los tipos conocidos de Abiyhkardias parecen
entrar en estado comatoso. De forma alarmante en las últimas décadas se ha
visto que hay un número mayor de huéspedes cuya existencia transcurre inocua a
los Abiyhkardias. ¿Será la inhabilidad para evocar en otros la posibilidad de
vulnerarse en el amor y la pertenencia? ¿Acaso que se han agotado los aromas,
sabores y texturas? ¿El berrinche de los bichos micros y macros que buscan el
monopolio sobre el cuerpo humano? O bien, ¿el decaimiento de la vida onírica en
proporción a los que se inspiran en ella? No querríamos, sin embargo, hablar de
peligro de extinción. ¿Plausible un espacio cósmico sin sudores compartidos,
sin apetitos venturosos, sin sueños temerarios? No. Los Abiyhkardias pueden
mutar, evolucionar, incluso cuando la entidad huésped se resista o ceda a la
comodidad, el artificio y el convencionalismo. ¿Es posible la supervivencia de
los Abiyhkardia? Sí. Al menos mientras quien lea lo imagine y se indulte al
experimentar cualesquiera de las situaciones que hace al reino de los
Abiyhkardia salir de su cautiverio.
Lukas
mail@quetzalcoatlhernandez.com