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Kaham Al eon El innombrable

por Javier Salas

 

Hace dos años, cuando vivía en Madrid, vino a visitarme un amigo antropólogo que le fascina la cultura árabe. De Madrid bajó hacia el Mediterráneo, lo cruzó y desembarcó en Nador, un puerto marroquí cercano a Melilla. Ahí comenzó su travesía por el Norte de África que terminó azarosamente en Japón, hace un par de semanas.

Lo vi ayer, platicamos de su viaje y sus experiencias. Ya no es el mismo, ahora es muchos. Con cada aventura que cuenta se convierte, su voz tiembla en algunas, sus facciones le transforman la expresión y su espalda le esconde o muestra el pecho. En la noche muchas de las imágenes que me platicó me distrajeron el sueño, especialmente una que conoció sobre un camello entre Marruecos y Argelia.

Los Berber hablan de un animal que acompaña a las caravanas durante su travesía por el desierto. Cada persona tiene una imagen distinta de él, nadie ha visto al mismo, aunque saben que es una única especia que muta dependiendo del ambiente donde está y la persona que lo observa. Por esta razón no existe nombre para él sino dos imágenes para representarlo. Los Berber, ávidos comerciantes, lo adoran todas las mañanas y le piden les guíe y proteja en el camino.

Se cuenta que cuando llegaron los árabes e impusieron el Islam a los Berber,  Tariq ibn Ziyad –conocido en la historia de España como Tarik el Tuerto–, luchó contra las imágenes del innombrable. La única forma de vencer estas representaciones del dios era enfrentarse a él y encontrarle un nombre. Se introdujo en el desierto con una caravana que viajaba hacia el este de la actual Algeria. En la segunda noche del segundo mes, Tariq ibn Ziyad había escrito más de diez mil nombres para el monstruo. Unos días después, durante una larga noche de luna llena, el tuerto perdió la cabeza y no se le volvió a ver.

El último de los nombres que escribió era kaham Al eon (el que se esconde de Alá). Este es el nombre que usan los árabes para denominar al innombrable que camina por los desiertos y no se deja ver jamás. Los Berber conservan el privilegio de mantener el nombre de su dios protegido por las imágenes, ellos nunca pronuncian el nombre que le dio Tariq y por el cual perdió la vida.

 

Javier Salas

javiersalas.e@gmail.com

 

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