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La Papantzi

por Elizabeth Paullada León

 

La Papantzi es una mariposa majestuosa, sufre una metamorfosis (un tanto Kafkiana al estilo de Oviedo: larga, poco entendible, maravillosa, extenuante). Los mayas la consideraban portadora del alma de un guerrero, y es por eso que es bella, valiente y perfecta.

La primera vez que se le vio fue en un pueblo llamado Quetzalan. Cuenta la leyenda que el día de su llegada hipnotizó a todos los habitantes:

 

el aire la llevaba consigo hasta que era un punto tenue en el infinito;

 su vuelo era grandioso.

 

Un encuentro con la Papantzi produciría una sensación de libertad, pintaría lágrimas de felicidad en el rostro, sería incluso capaz de inundar el alma de una dicha incesante.  Se sabe que también inspira el perdón y el reconcilio con el pasado; que induce el deleite del presente cotidiano y el dejarse amar; que esclarece el futuro incierto.

Dichas facultades curativas fueron motivo por muchos siglos de que celosos cazadores quisieran retenerla, por lo que la Papantzi dejó de volar libre y decidió ocultarse en los lugares más altos, inalcanzables. El paso del tiempo le concedió el poder de volverse invisible: hoy la he visto y la tengo conmigo (si la quiere conocer).

Es impalpable y ahora se le conoce como Ki’imak óolal (“felicidad” en maya) por lo utópico que es ostentarla, verla, percibirla. Los que seguros estamos de haberle sentido en nuestro corazón, mente y alma podemos continuar llamándole Papantzi.

Al que la encuentra se le considera como uno de los seres más dichosos del mundo. Una vez ahí, por nada hay que tratar de retenerle, sólo hay que permitirle el vuelo libre, pues puede volverse imperceptible y desaparecer para nunca más regresar. Sin embargo muchos no saben que conocen a la Papantzi, que caminan acompañados por su delgado revoloteo.

Delgado revoloteo que, percibido instantes antes de mi muerte, de tu muerte, puede ser la dádiva más maravillosa de esta vida: una nueva alma vivirá en el cuerpo de la Papantzi, un alma ha trascendido para volar libre en distintos cielos.

 

Elizabeth Paullada León

yayi_pl@hotmail.com

 

 

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