por Elizabeth Paullada León
La primera vez que se le vio fue en un
pueblo llamado Quetzalan. Cuenta la leyenda que el día de su llegada hipnotizó
a todos los habitantes:
el aire la llevaba consigo hasta
que era un punto tenue en el infinito;
su vuelo era grandioso.
Un encuentro con
Dichas facultades curativas fueron motivo
por muchos siglos de que celosos cazadores quisieran retenerla, por lo que
Es impalpable y ahora se le conoce como Ki’imak óolal (“felicidad” en maya) por lo utópico que es
ostentarla, verla, percibirla. Los que seguros estamos de haberle sentido en nuestro
corazón, mente y alma podemos continuar llamándole Papantzi.
Al que la encuentra se le considera como uno
de los seres más dichosos del mundo. Una vez ahí, por nada hay que tratar de
retenerle, sólo hay que permitirle el vuelo libre, pues puede volverse imperceptible
y desaparecer para nunca más regresar. Sin embargo muchos no saben que conocen
a
Delgado revoloteo que, percibido instantes
antes de mi muerte, de tu muerte, puede ser la dádiva más maravillosa de esta
vida: una nueva alma vivirá en el cuerpo de
Elizabeth
Paullada León