El Yukul
por Arturo García Mogollón
** Dibujo por Emilie Boudet
(http://mmili.free.fr/)
Fundamenta
la ciencia religiosa que, en las civilizaciones arcaicas, la
concepción
cosmogónica comienza siempre por la definición del espacio sagrado:
el caos, de
carácter profano por definición, se organiza de acuerdo a un centro
generalmente referido
por una teofanía. De esta forma los hombres podían
asegurar su
propia existencia, así como la de sus divinidades, dentro de un
mismo cosmos
intercomunicado. En el extremo opuesto
de la historia, ciertos
filósofos
franceses defienden la noción de identidad como fundamento existencial
del hombre.
El principio de orientación resulta entonces un tema primario
vigente hasta
nuestra época.
Los mayas
atestiguan dentro del Popol Vhu
la creación de una primera bestia: el
"Yukul", palabra que quiere decir "libre y
poderoso". Las divinidades se
propusieron hacer un
animal preparado para recorrer las cuatro regiones del
mundo. Diéronle así las alas de un águila para volar los cielos;
fue también
dotado de cola
de pescado para nadar los mares; para correr las tierras le
fueron otorgadas
cuatro patas de jaguar; finalmente tuvo la mirada del quetzal
que le
permitiría observar y juzgar el inframundo. Fue
depositado por primera
vez en lo
alto de un peñasco frente al mar, donde viento, agua, tierra e
inframundo se conjugaban inexorables. El animal quiso
incorporarse al bramido
del aire y
volar, pero también algo le incitaba a galopar los valles alejados e
incluso a
hundirse en las mareas que violentaban a un lado: inmóvil fue sólo
deseo. Murió
al nacer tan libre.
Los dioses
decepcionados se reprocharon dicha creación y emprendieron nuevamente
sus labores.
Decidieron entonces dividir la tetragramía: así en la
tierra los
primeros
pobladores fueron el jaguar, el águila, los peces y el quetzal.
Animaron por igual
un quinto ser que guardaría el recuerdo del "Baalché
Yukul" y
por tanto
evitaría futuras erratas. Se llamaría
"Uinic", que en principio
significa
"preso y débil", y en su fórmula abreviada quiere decir
"hombre". El
resultado
evidentemente fue el primer hombre y rey maya. Al "Uinic"
se le
condicionó la
existencia otorgándole el sentido de orientación. El "hombre" por
lo tanto
podría vivir ligado siempre a un esquema calculado del cosmos:
guardaría en
principio horror al infinito y a la libertad, evitando así repetida
tragedia. De ahí
los mayas guardarían la creencia de que a lo largo de la vida
de un
hombre revive paulatinamente en su interior el recuerdo del Yukul.
Esta
remembranza le
incita a buscar la plena libertad que, una vez encontrada, se
resuelve como la
misma muerte.
Una
imagen
Tres
hombres: pasmado uno, los ojos al cielo; dudando otro, al centro de la más
grande duna;
desesperado un tercero, náufrago en medio de cualquier mar. Sin
muros ni
puertas, a los tres les encierra magnánimo el mismo laberinto. Libres,
perdidos, presos.